03 diciembre 2008

¡Ai de mi güei!

La sonrisa y el buen humor siempre han presidido todos los actos de la vida de este cangués de pura cepa, que dedicó su existencia a la dura tarea de sacar adelante a una familia pero, al que nunca le faltó tiempo para entonar un cantarín, poner la chispa de animación en una fecha señalada, y por supuesto alegrarnos el corazón a canguesinas y cangueses con su bombo.

Desde muy joven aprendió el oficio de zapatero, que venía de tradición familiar, puesto que ya lo habían sido su abuelo, su padre y sus hermanos mayores. Casa Chapinas fue algo más que una zapatería, fue un "santuario" de Cangas, fue, es y será una de esas tres cosas que no las tiene Madrid.

Descansa en paz Gabriel, hasta siempre ¡amigo!

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Además de a una bella persona, hemos perdido un cachín de la memoria del pueblo.

Hasta siempre Chapinas, como comentábamos hace poco: En Cangas conocémonos todos... por eso te queríamos y te respetábamos.

Gracias por tu conciencia y por tu memoria