
Todas las festividades de la Semana Santa son de arraigado sentimiento pero, la de Besullo, posiblemente sea una de las más auténticas, cuya sorprendente característica es una fusión de cultura pagana y religiosa (recordemos que en este pueblo hay indicios de la existencia de capillas católicas y protestantes).
En esta pequeña población del concejo de Cangas de Narcea y cuna del dramaturgo universal Alejandro Casona, se mantiene viva una tradición ancestral. El Sábado Santo, antes de que llegue la medianoche, se enciende una hoguera de grandes dimensiones denominada Fumaza, que comienza a arder en el frío de la noche, en el momento mismo de iniciarse la misa crismal. Posteriormente es bendecida por el párroco y entonces todos los fieles, acompañados de sus velas, las encienden de la Santa Lumbre o de la vela de un vecino. Todos los congregados bailan y danzan alrededor de la misma durante toda la noche. A este baile y acto más profano que religioso le acompaña la degustación del bocho, un pan dulce que se elabora artesanalmente por estas fechas.
En definitiva, un acto de unión y alegría que se celebra desde tiempos inmemoriables y que culmina con cánticos religiosos y la posterior fiesta popular, donde todos, religiosos y paganos, jóvenes y ancianos, se reúnen para celebrar con alegría una fiesta que el resto de España tiñe de luto.

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