30 octubre 2007

El Pozo de "La Encantada"

Había desaparecido otro rapacín, el pueblo estaba consternado una vez más, cuando en casa de Celestón nacieron unos hermosos xatinos roxos mellizos. Como si de una señal se tratara, todos decidieron que jamás serían ordeñados y que se utilizarían como herramienta en el conjuro para sacar a la encantada del río que tantos niños les robaba.

Llegó el verano y los xatinos pacían tranquilos ajenos a toda desdicha, mientras Pin recogía hierba y veía como se acercaba una mujer, que de nada conocía, llevando de la mano a un rapacín de unos tres años:
- ¡Ay mozín! ¿no me daría un poco de leche pa este nenín?

El buenazo de Pin, raudo se puso a ordeñar un xatín y leche dio al pequeño, al
tiempo que la mujer riéndose estrepitosamente decía:
- Te engañé rapaz, soy La Encantada y ya rompiste el conjuro.

Ordeñando los xatinos, Pin muy nervioso cogió el balde que contenía la leche recién ordeñada y tirándola sobre los xatinos rezó:
- Lo que no mamaste por el chombo chevaste.

La bruja reía y reía mientras le decía al asustado rapaz:
- Mientras no adivinéis mis años seguiré robando rapacines.

Pin contó lo acaecido en su casa y dieron a consultar con Pepa de Santa Eulalia, anciana sabia muy apreciada por los lugareños y les dijo:
- Bajar a Cangas y comprar muchos, muchos jarros y cántaros y los colocáis todos juntos en el puente que sobre el Narcea hay en Llano, y escondidos tras los árboles esperáis que La Encantada aparezca.

Así actuaron y cuando la vieron aproximarse con claridad escucharon:
- 25 años tengo, desde que nací pero, nunca tantos pucherinos vi.

Salieron alegres de su escondite y La Encantada al verlos y sentirse descubierta, enfurecida arrancó un pelo de su enmarañada cabellera y lanzándolo al río vociferó:
- Adiós mi pelo celemín, que todos los años llevarás un pelegrín.

Y así durante muchos, muchos años, incluso en nuestros días, el Narcea a su paso por el concejo de Cangas sigue arrebatando la vida de algún joven y, hay quien dice que ve a una misteriosa mujer sumergirse en las negras aguas del llamado “Pozo de La Encantada” y salir al día siguiente.

Relato enviado por: Evencio Asenjo