"Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe" (1ª Cor 15,14). Monseñor Atilano, obispo de Ciudad Rodrigo, parte de esa gran verdad, escrita por San Pablo, para animarnos a dar testimonio del Cristo vivo entre nosotros. Y es que difícilmente seremos buenos reporteros de las buenas nuevas de salvación para todos, si el alma y el corazón los tenemos muertos o dormidos.
Monseñor Atilano Rodríguez Martínez nació en la asturiana localidad de Trascastro, parroquia de San Julián de Arbas (Cangas del Narcea), el 25 de octubre de 1946. Cursó estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo, recibiendo la ordenación sacerdotal en su parroquia natal de manos de Mons. Díaz Merchán el 15 de agosto de 1970. Fue nombrado Obispo auxiliar de Oviedo y titular de Horea por S.S. Juan Pablo II el día 5 de enero de 1996. Su consagración episcopal tuvo lugar en la Catedral de Oviedo el 18 de febrero de ese mismo año, actuando como primer consagrante el Arzobispo de Oviedo D. Gabino Díaz Merchán y como co-consagrantes el Arzobispo de Zaragoza, don Elías Yanes, y el de Sigüenza, don José Sánchez González. Nombrado obispo de Ciudad Rodrigo el 26 de febrero 2003, tomó posesión de la Diócesis el 6 de abril siguiente.

1 comentarios:
Curioso es ver que, para algunos, lo importante no es lo que hizo o dijo Cristo en vida, sino el "premio" por hacerlo
Publicar un comentario en la entrada