11 julio 2007

Carmen cangués

Alegre fiesta, brío, canción, música y encanto. Todo un lujo de colores. ¡Atended! Que un pueblo engalanado de cohetes y de cantos va a regalarnos un conjunto de actos profanos y sagrados en honor de la Virgen del Carmen.

Y el pueblo del que os hablo es Cangas del Narcea; un preciado lugar para contemplar, pues tiene mucho que admirar. Ese río Narcea, cruzado por doce puentes que le dan aspecto de una pequeña Venecia; y esas casonas tan bonitas de mirar; de escudos blasonadas. Como iba diciendo la villa canguesa se prepara para recibir cantidad de acontecimientos y acoger a la vez a muchísimas personas.

Empezamos:
El 28 de junio es el "Arbolón". Los mozos van a talar el árbol más alto y lo llevan a hombros hasta la puerta de la capilla de la Virgen del Carmen, en el barrio de Ambasaguas (esto es tradición).

Seguimos:
Gran día esperado: 14 de julio. Cantidad de acontecimientos; empezando por el desfile de las peñas que parte de la plaza del Ayuntamiento, dando gritos de alegría, cantando, bailando... suplicando con voces desaforadas a los vecinos que los miran desde ventanas y balcones ¡agua, agua!...

Todo es fiesta, ¡ah! Sin dejar atrás la gran chocolatada con bizcochos y los tan tradicionales "bollos preñaos"; y beber la típicas caipiriñas tan exitosas.

15 de julio, por la mañana, salen los tan populares "cabezudos" dando sus paseos por todo el pueblo, donde los chiquillos disfrutan muchísimo. Estos van haciendo su desfile particular, dando vueltas y vueltas a su alrededor. Es una diversión plena. Zurrando a troche y moche con sus escobones, a todo crío que se les ponga por delante.

Por la noche asistimos a la gran descarga de fuegos artificiales, tiraos por las peñas.

Continuamos:
Llegó el gran momento tan ansiado y esperado: 16 de julio, Día del Carmen (patrona de los marineros).Ese día saldrá en procesión, pues se dirige a la basílica de la Magdalena donde, en su honor se oficiará una misa solemne. Y todos muy bien arreglados la vamos a acompañar.

Por la tarde, aproximadamente a las 8 sale de nuevo para volver a su Casa. Cuando llega a la mitad del puente al que todos llaman romano, será hacia las ocho y veinte de la tarde. Todos estamos nerviosos, esperando ese inolvidable momento, tan especial.

De repente un gran estruendo. Un juego de voladores flechados van hacia el cielo. ¡Ya está aquí! Esta maravilla. Una explosión tan divina, tan emocionante; ese cielo que se ve tan blanco y bonito. Tan sólo son ocho minutos; pero resultan muy intensos, pues lo que se intenta es dar un gran espectáculo, y está muy bien conseguido. Pues millones y millones de las antiguas pesetas en un abrir y cerrar de ojos se pulverizan por los aires; de esa manera se consigue el gran sueño de todos los cangueses...


Voy a narraros una pequeña anécdota: siempre me ha contado mi madre que a su vez a ella la refería su progenitor, y era que, cuando él era un crío de unos 7 años, en cierta ocasión fue con sus padres don Luis Suárez-Cantón y Uría y doña Aurora Llanes y Queipo de Llano del Valle (del palacio de Santianes de Tuña) a la carretera de Limés a ver La Descarga, os hablo de 1902; y cómo de pronto llegó un automóvil, cosa extrañísima en aquella época; en él viajaban unos franceses, pues empezaron a hablar con doña Aurora, que parlaba estupendamente la lengua gala, y le preguntaron por algún hospedaje y otras cosas. De pronto, La Descarga hizo presencia, y tal fue el estruendo que los gabachos muy asustados salieron corriendo, dejando el auto abandonado, pues pensaban que había estallado la guerra.

María Peche y Suárez-Cantón
Sevilla, enero de 2005