19 abril 2007

Los Serenos

Hace ya bastantes años desaparecieron de las calles de nuestras ciudades los serenos, siempre prontos y dispuestos a acudir a la llamada de los vecinos que volvían a casa de noche.

El típico sereno era asturiano, concretamente de la zona de Cangas del Narcea, y solía cubrirse con una pequeña gorra, llevaba un voluminoso manojo de grandes llaves —como eran antes las de los portales— y un chuzo, una especie de bastón o palo grueso terminado en punta de hierro. Cuando golpeaban con él los adoquines o baldosas de la calle, el chuzo hacía salir chispas. Esa era su arma intimidatoria, que también servía de defensa en el caso de que alguien les atacara o pretendiera robarles.

Uno de sus cometidos consistía en cantar las horas a intervalos de quince minutos, lo que suponía un total de cuatro veces a la hora. Como no siempre llevaban reloj, el tiempo aproximado a veces lo medían caminando cuarenta o cincuenta pasos, y entonaban de nuevo su cantinela: “¡Las doce en punto y sereno!”

Desde hace pocos años, ha vuelto a surgir la figura del sereno a través de algunas organizaciones. Un ejemplo bien cercano lo tenéis en Gijón.