27 agosto 2006

AUSENCIA

Gloria y Angel son los protagonistas de este relato. Enseñaban en el mismo centro educativo de Oviedo. Ella, literatura. El, historia. Mantenían una amistad profunda, estable, duradera, hasta que dejó de serlo por una nimiedad y ya no salían juntos ni conversaban sobre las excelencias de sus respectivas materias educativas. Mientras Gloria elogiaba la creatividad de la literatura, Angel destacaba la seguridad que proporcionan los hechos históricos contrastados y probados por las crónicas y otros documentos. Tras las vacaciones, Gloria no regresó al Instituto. Solo entonces se dio cuenta Angel de lo mucho que la quería y del vacío que la ausencia produjo en su alma. La echaba de menos, la necesitaba. No era fácil para un hombre sensible como él, olvidar a una persona que, durante mucho tiempo, ocupó todo el espacio dedicado a los sentimientos en su alma romántica. Y sufría por la ausencia. En él no se cumplía aquel sabio consejo de que el tiempo cura las heridas, las del cuerpo y las otras. Antes al contrario, padecía cada vez más buscando, entre sus recuerdos, que parte de culpa tuvo él en aquella ruptura. Un día, hablando con una amiga común, se enteró de que Gloria se había marchado a Cangas del Narcea sin poder precisar en que lugar del municipio vivía e, incluso, si continuaba allí. Angel no lo pensó. Iría a Cangas del Narcea a buscarla realizando varias excursiones a esta zona de Asturias que, además, no conocía bien. Ya no pensaba solo como el lógico y sistemático historiador de antaño, sino que creía ser, además, soñador, como así era Gloria. En efecto, su alma, solitaria y doliente, se convenció de la existencia de cosas inexplicables, de razones del corazón que la razón no comprende. Por eso le atraían las tradiciones y leyendas, sin dejar por eso de interesarse por sus aficiones de siempre (naturaleza, etnografía, historia, arte y gastronomía). Todas estas cosas serían los ingredientes fundamentales para sus excursiones aunque siempre subordinadas a la búsqueda de su idealizada amiga.
CORIAS
El primer domingo de mayo se desplazó a Corias, muy cerca de Cangas del Narcea. Antaño se celebraba en dicho día la “Fiesta de la Rosa” que incluía una procesión en la que desfilaban niñas vestidas de ángeles con sus alitas y coronas de rosas (cinco blancas, cinco rojas y cinco amarillas, como los quince misterios del Rosario), rosas que se guardaban tras la fiesta, pues se decía que tenían dotes curativas. Angel esperaba encontrar aquí a Gloria ya que sabía de su amor por las tradiciones. Incluso le contó que, de pequeña, estuvo, vestida de angelito (como las niñas de Corias) en un santuario dedicado a María y mariana era la Fiesta de las Rosas. Se imaginaba, incluso, a Gloria entre las niñas que iban en la procesión, con una guirnalda de rosas rojas, como el dolor que le embargaba por la ausencia del ser amado.Sufrió una gran decepción cuando le dijeron que dicha fiesta hacía años que no se celebraba. Pero en Corias había muchas cosas que ver. El monasterio, por ejemplo. Existe una preciosa leyenda sobre su fundación por los condes Piñolo y Aldonza, proyecto que no se ponía en práctica. Suero, uno de sus criados, soñó que se le aparecía un ángel sugiriéndole que recordara a los Condes su promesa. Pero no se atrevió a decírselo. En un nuevo sueño, vio como bajaba del cielo un pequeño templo suspendido por cadenas cogidas por varios ángeles que lo depositaron en el mismo lugar que le había indicado el ángel de la primera visión. No obstante, tampoco en esta ocasión lo comunicó hasta que, en un tercer sueño, recibió del ángel una bofetada por su desidia. Por ello, esta vez informó de todo a los condes que, ante el prodigio, mandaron edificar el monasterio. Esta leyenda de los tres sueños se refleja en uno de los relieves del soberbio retablo mayor, barroco, de la iglesia monasterial, parte inferior derecha. Además, Angel disfrutó con la visita a este singular monumento, de larga y fecunda historia. Su origen es medieval, pero iglesia y monasterio, (conocido como el Escorial asturiano por su grandeza y perfección constructiva) son posteriores (siglos XVI, XVII y XVIII). En el interior se conservan destacados tesoros artísticos. Una imagen medieval policromada de Jesús crucificado fue lo que más le gustó a Angel. Tampoco olvidó adquirir unas botellas del buen vino artesanal que se elabora en las ancestrales bodegas del Monasterio. También visitó la iglesia parroquial de Santa María de Corias y el puente romano sobre el Narcea. Todo le gustó mucho y aunque no encontró a Gloria, se sentía muy reconfortado con el desarrollo de la jornada y las muchas cosas que había conocido y aprendido.
Cangas, Bimeda y Degaña
El turno era ahora para el 29 de junio, San Pedro. Primero iría a Cangas del Narcea para continuar luego a Bimeda y al concejo de Degaña. En Cangas, ese día se celebra el rito del “arbolón”, fiesta tradicional de reminiscencias célticas (culto al árbol), connotaciones fálicas (el árbol se hinca en la tierra) y culto a la fertilidad. Tiene arraigo en Asturias, especialmente en la zona oriental. En la madrugada del 29 de junio, los mozos “roban “ un árbol de gran altura y amplia copa, lo trasladan por las calles de Cangas y lo hincan frente a la ermita del Carmen en el barrio de Ambasaguas, de tal manera que debe sobrepasar a la capilla. No es fácil dicho traslado y colocación ya que supera los 30 metros de altura, suele pesar unos 300 kilogramos y es transportado por unos 40 jóvenes cuyos movimientos deben ser coordinados. Uno de estos mozos trepa hasta lo más alto y coloca en la copa una corona de flores preparada por las mozas. Allí permanecerá durante todo el verano. Tras la fiesta, Angel dejó Cangas del Narcea. Tiempo habría de visitarla con más calma en las fiestas del Carmen. En Bimeda (al sur de Cangas), la fiesta de San Pedro empezaba con la procesión del ramu, portado por mujeres, y de la imagen de San Pedro, llevada por hombres. Acompañaban los danzantes, el tamboritero y el cura. Delante pendón y estandartes. El ramo consiste en un palo adornado con cintas de colores y flores y del que colgaban, antaño, tripas de cerdo rellenas de manteca y, ahora, productos menos tradicionales. Los ramos se subastan y el importe de la puja era para la iglesia que, por cierto, es un interesante edificio románico con imágenes medievales y barrocas en el interior. Tras la misa, tenia lugar la danza de palos y se “echaba la obra”. Esta danza de palos o de las espadas no es exclusiva de Bimeda ya que está muy extendida en otros lugares de Asturias y del resto de España. En líneas generales, los danzantes se dividen en dos bandos: españoles, con fajín y banda rojos y franceses, de verde. Tienen sombreros de paja con cintas de colores y vistoso plumero. El bascacheiro abre paso a los danzantes y el tamboritero toca el tambor y la xipla o flauta de tres agujeros. Los danzantes portan los truquiaos o palos de medio metro de largo que entrechocan entre sí y ejecutan diversas figuras y movimientos, algunos de difícil realización. La danza termina con la quita de las banderas a los franceses. Pero, al igual que ocurrió con la fiesta de la Rosa en Corias, también aquí se ha perdido esta Danza de Palos, aunque no en Tablado, en el vecino concejo de Degaña ya que se baila en sus fiestas de San Luis. La obra teatral tiene su propio texto, muy corto, de sencillo argumento y autor anónimo. Intervienen varios personajes representando a España y a Francia, una dama y el gracioso. El argumento es sencillo y el libreto muy corto. Se representa un enfrentamiento entre los monárquicos españoles y los revolucionarios franceses que termina con la victoria de aquéllos. Gloria amaba el teatro. Angel no tanto ya que, para él, era “literatura menor” nada comparable al rigor de las crónicas y otros documentos históricos. Pero, al igual que le ocurrió con otras aficiones, por influencia de su amiga, se estaba convirtiendo en un ferviente admirador de las obras teatrales. Por ello y porque pensaba que, si en algún lugar podría estar Gloria, sería donde hubiera una representación teatral, en Bimeda, donde, si bien la obra no tenía grandes cualidades literarias ni un sólido argumento, sí atesoraba el atractivo de su carácter popular, tradicional y festivo. Pero tampoco aquí encontró Angel a Gloria ni en otros pueblos de Cangas, como Larón o de Degaña, como Tablado, donde también se celebraban bailes de palos. Se tuvo que conformar, y no era poco, con admirar, además, los hermosos paisajes de montaña y valle de estas zonas, sus monumentos artísticos (iglesias de Cerredo y Tablado, capillas, casonas como la de Florencio en Degaña con imagen medieval de la Virgen) y etnográficos, (singularmente los teitos o pallozas, antaño abundantes, pero hoy en trance de desaparecer).
Villa de Cangas del Narcea
Ahora le tocaba el turno a la propia capital del concejo, Cangas del Narcea, adonde acudió el 16 de julio, día grande de las fiestas del Carmen. Tras la misa matutina en la preciosa capilla de Ambasaguas, situada en las cercanías de un puente romano-medieval, suben la imagen en procesión hasta la plaza del Mercado, ayuntamiento (un soberbio palacio) e iglesia parroquial donde se celebra otra misa y reparto posterior de bollo y vino en el Campo de la Vega. A las ocho, tras el Rosario, vuelve la imagen a su ermita, rodeada de niñas vestidas para la Primera Comunión y el pueblo en general con banderas, estandartes y el Ramu de rosquillas y cintas de colores. Cuando al Virgen llega a la mitad del puente antiguo, empieza la famosa Descarga. Un centenar de hombres disparan miles de cohetes que atruenan el cielo durante casi diez minutos. Tras la Descarga, la Virgen vuelve a su capilla para esperar hasta el año que viene. Angel creía que esta vez encontraría a Gloria entre los miles de personas que contemplan el espectáculo pero todo fue inútil, parecía que se la había tragado la tierra. Era feliz con lo que veía, pero lo sería mucho más si Gloria le acompañase. Esta Descarga tiene también su tradición. Su origen se remonta a 1791, en plena “Guerra de la Independencia” contra los franceses (de nuevo este episodio de la Historia de España que dio lugar, en la zona, a danzas de palos y a una obra popular de teatro en Bimeda). Mientras los varones de Cangas combatían en el frente, lejos de la villa, los franceses asediaban el pueblo. Entonces, las mujeres, para tratar de disuadirlos y amedrentarlos tiraron en Corias varias docenas de cohetes que los invasores interpretaron como un ataque por la retaguardia y, por ello, se retiraron. En recuerdo, se celebra cada año esta bonita y estruendosa fiesta. Pero Cangas del Narcea no es solo fiestas. Es también una localidad monumental con un pintoresco casco antiguo repleto de palacios, casas blasonadas, casonas y capillas. Angel dedicó especial atención a la iglesia parroquial y no solo por la grandeza del edificio y los tesoros artísticos que alberga, sino por estar dedicada a María Magdalena hacia la que sentía una especial admiración. Recordaba a este respecto como Gloría solía repetir, recordando a San Agustín, aquello de “ama y haz lo que quieras” que él personificaba en el amor de Magdalena, a la que Jesús ensalzó diciéndole “a quien mucho ama, mucho se le perdona”. Mientras regresaba a Oviedo, meditaba sobre el profundo significado de ambas frases, de cómo amar y ser amado es lo mejor que puede ocurrir a una persona y cómo el perdón disculpa pasadas incomprensiones y restablece una amistad que nunca debió de romperse.
El Acebo
La próxima cita festiva iba a ser la famosa romería que se celebra el 8 de septiembre en honor de la Virgen del Acebo, una de las fiestas más famosas y concurridas de Asturias. La imagen, medieval, se aloja en un hermoso retablo barroco del santuario. Por una empinada carretera se accede al lugar, a unos diez kilómetros al este de Cangas del Narcea. Desde el santuario se pueden contemplar hermosas y dilatadas panorámicas. Acuden romeros de todo el occidente asturiano e, incluso, de León y Galicia. El día 8 es llamado de “las promesas” por tener lugar la entrega, ante la Virgen, de “ex votos” relacionados con la merced recibida. El día 9 es el de “las ofrendas” en que se implora la bendición de la Virgen sobre los ganados que en, gran número, se concentran en los alrededores del santuario. También aquí existe una leyenda o tradición. El jesuita Carvallo, en sus “Antigüedades...”, narra al respecto que, en la primitiva ermita del Acebo, se solían celebrar misas nocturnas con asistencia de la Virgen, desapareciendo todo al alba. El 8 de septiembre de 1575, atraída por esta fama, acudió una mujer que andaba con muletas. Tras presenciar esta misa, quedó curada. Después sucedieron otros muchos prodigios, algunos de los cuales cuenta también Carvallo. Por todo ello, Angel, aunque no creía mucho en milagros, pensaba y deseaba que la Virgen podría hacerle uno muy especial y era que Gloría asistiera a su fiesta, que la encontrara y que recuperaran su antigua amistad. Pero, tal vez por esta falta de fe, lo cierto es que Gloria seguía sin aparecer. Poco a poco iba perdiendo la esperanza en encontrarla entre la gente y, más desanimado de la habitual, volvió a su residencia. Había estado ya en varias fiestas, todas tradicionales y muy concurridas y en ninguna encontró a Gloria. Por esta razón desistió de acudir a otras que, además, eran menos visitadas. Ahora debía dar rienda suelta a su imaginación, sintonizando, así, con el espíritu creativo de su amiga.
Rengos, Gedrez, Monasterio de Hermo, Veiga´l Palu
Tocaba el turno de las brujas y las xanas, seres irreales, mágicos, pero que, para él, empezaban a tener existencia real. A este respecto, recordaba como asistió con Gloria a la representación del ballet Giselle, de Adam. A ella le encantaba la trama argumental, basada en la venganza de las “Willys” que consideraban a los hombre egoístas y posesivos) y en el amor redentor de Giselle. Gloria le había resumido el argumento. Giselle fue engañada por Albrecht, un noble que no le contó su condición ni que ya estaba prometido. Cuando se enteró, Giselle se suicidó y, al morir por amor, se convirtió en una Willy. Estos seres son los espíritus de las novias que mueren antes de su boda. A medianoche salen de sus tumbas para bailar hasta el alba. Si un hombre tiene la mala suerte de ver esta danza, será arrebatado al baile y danzará con ellas, sin descanso, hasta morir extenuado. Fue el caso de Albrecht. Pero Giselle, que mantiene intacto su amor hacia él, le salva llevándolo hasta una cruz a pesar de que le estaba prohibido. En la alborada, una tumba se abre para recibir a Giselle. Albrecht no murió, pero la desesperación y los remordimientos se apoderaron de él. Así termina la obra. Esta leyenda, nórdica, no existe en Asturias pero si otras que también coinciden con las Willys en el funesto poder de seducción de brujas y xanas sobre los hombres que no se han portado bien con las mujeres. Angel sabía que, en la Veiga´l Palu, junto a la Fonte las Bruxas, casi en el límite con León, se celebraba un aquelarre con una comida abundante y un baile frenético y placentero donde los hombres que asistían bailaban con las brujas. Pero, a diferencia de las Willys, las Brujas se conformaban con aterrorizarlos un poco y agotarlos algo más, devolviéndoles, finalmente, sanos y salvos, a la realidad: No obstante, se cuenta que los que asisten al aquelarre, movidos por una insana curiosidad, ya no recuperan la paz. Este aquelarre tenía lugar el 1 de mayo de cada año. Pero Angel intuía que podía ir en otra fecha. Por ejemplo, el primero de octubre. Antes visitó las iglesias románicas que estaban en el camino a la Veiga’l Palu (Gedrez, Monasterio de Hermo). También visitó la ermita de San Luis del Monte (parroquia de Vega de Rengos), donde se contaba el milagro de las flores que aparecían el día de la misa del patrón. El Padre Feijoo aclaró este supuesto milagro (no eran florecillas, sino huevos de insectos). Pero la mente de Miguel, ya algo trastornada por la prolongada ausencia de su amiga, no le importó aceptar como verídica esta curiosa historia. Cuando llegó a la Veiga’l Palu se tumbó junto a la Fonte las Bruxas con la esperanza de que se celebrara un aquelarre especial para él en que, incluso, Gloria participara. Se durmió y, en sueños, vio la orgía de bailes frenéticos, abundantes libaciones y opíparas comidas, incluso le pareció distinguir a Lucifer como macho cabrío, presidiendo la reunión y recibiendo adoración de las brujas. Pero, ni siquiera en sueños, vio a Gloria entre las participantes en el aquelarre. Quedaban las Xanas que, en Cangas del Narcea, son llamadas “Encantadas” aunque ambas sean ninfas de las fuentes, de las aguas en general, que castigan las infidelidades y protegen el amor. Dicen que la noche de San Juan es cuando se desencantan. Pero Angel no aceptaba esta simplicidad de fechas y así creía que las Xanas, como las Willys, danzaban todas las noches, mantenían su amor a los hombres y perdonaban su infidelidad y mentiras en aras del amor.
Muniellos, Cecos y San Antolín de Ibias
Una vez obtenido el correspondiente permiso oficial, decidió visitar una de las lagunas del bosque de Muniellos, marco inigualable para residencia de Encantadas. Antes se desplazaría hasta Cecos y San Antolín (en el vecino concejo de Ibias) para visitar sus casonas e iglesias medievales, degustar su vino, tan bueno como el de Cangas del Narcea. También se informó de los cantos de Os Reises que se celebran el 6 de enero en San Antolín, una de las pocas fiestas asturianas del ciclo de Navidad, Año Nuevo y Reyes. La laguna de La Peña (así se llama) forma parte de un conjunto lacustre de origen glaciar situado en la parte alta de la Reserva Biológica de Muniellos, en los aledaños del pico y valle de La Candanosa, casi a caballo entre Cangas del Narcea e Ibias. Su aspecto, bello y misterioso a la vez, impresiona. Está rodeada de árboles autóctonos y sus aguas son oscuras, profundas y frías, hábitat ideal para que Xanas, Encantadas o Willys, salgan a llorar sus penas, a vengarse de cualquier hombre que por allí pasara o, como esperaba Angel, a rescatarle de su tristeza, de su soledad. Quedó fascinado por tanta belleza. Sus ojos se clavaron en las límpidas y sombrías aguas. El silencio era total. En su incipiente locura imaginó que las orillas se poblaban de bellísimas jóvenes de largas y blondas cabelleras, nidias carnes y soñadoras miradas. Pero, entre todas ellas, no pudo distinguir a Gloria. Tampoco aquí se encontraba su amiga.
Besullo
Solo le quedaba un viaje por hacer, el de Besullo, para conocer el lugar de nacimiento del dramaturgo “Alejandro Casona”, del que tanto le habló Gloria ya que admiraba su obra como buena amante del teatro que era. Nació y pasó su infancia en la Casona de Besullo y tomó este seudónimo de un edificio, blasonado y con capilla propia, que preside el pueblo y donde estaban las escuelas en que sus padres, maestros, ejercían su labor docente. Además Besullo fue el escenario ideal en que el autor desarrolla su obra “La Dama del Alba”. En un pasaje de dicha obra, La Peregrina (figura de la muerte) siente nostalgia del pueblín: “En aquella aldea vivía una muchacha de alma tan hermosa que no parecía de este mundo. Angélica. Un día la muchacha desapareció en el remanso.” Leyendo estas bonitas palabras de Casona y, en general, toda esta obra teatral, Angel no pudo evitar que las lágrimas fluyeran y su corazón se encogió de dolor ante la historia que escenifica Casona, el hermoso sacrificio de esta muchacha angélical, de nombre Angélica. En otro pasaje del drama, cuando La Peregrina se retiraba de Besullo sin haber conseguido su objetivo de llevarse algún difunto, se encontró con Angélica que volvía a casa con la esperanza de ser perdonada, de recuperar a las personas y cosas que nunca debió abandonar. Pero La Peregrina vio en ella, la presa que no había conseguido en Besullo y le contó la dolorosa realidad: que para todo el pueblo, incluido su familia, Angélica había muerto ahogada en el río aunque su cuerpo no apareciera. Por eso, La Peregrina la invitó a que se cumpliera esa creencia, que Angélica muriera de una vez por todas. Al principio se resistió, pero al final fue convencida y, dulcemente, se sumergió en el río con una sonrisa, sacrificando su vida para que los que la conocían y querían no sufrieran el desencanto de saber la realidad de su cercano pasado. Poco después, los vecinos descubrieron su cuerpo flotando entre las aguas cantarinas que lo habían acogido con amor y dulzura. Angel quiso concluir en Besullo, la serie de visitas que había realizado por Cangas del Narcea, Degaña e Ibias. Después de visitar La Casona, el mazo, la iglesia parroquial, la ermita de la Magdalena y disfrutado con los hermosos bosques que rodean el pueblo, bajó hasta el río. Desde el rústico puente de madera que lo cruza en el camino a la ermita de Las Veigas, contemplaba, con su mente ya trastornada por la ausencia de Gloria y la desesperanza de encontrarla, sus límpidas y transparentes aguas, que dejan ver los guijarros y piedras multicolores de su lecho. Fijó la mirada en las aguas inocentes y creyó ver, por un momento, una imagen sonriente, la de Gloria. No era ella. Fue solo una ilusión. Pero una sensación de alegría, de esperanza, se apoderó de su espíritu mientras pensaba, feliz, que su amiga estaría en otro lugar y que, tarde o temprano la encontraría.